domingo, 15 de marzo de 2020

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE (o en) ESSALUD-Dr. Jorge Rendón Vásquez




VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE (o en) ESSALUD
Jorge Rendón Vásquez
Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
En: Análisis Laboral-AELE, noviembre 2019

UNA CONTRADICCIÓN ESTRUCTURAL

El Seguro Social de Salud, denominado ESSALUD desde la Ley Nº 27057, del 30 de enero de 1999, no da para más.

No tiene médicos ni personal asistencial auxiliar, locales y material instrumental en número suficiente para atender los requerimientos de los asegurados y sus derechohabientes. Al contrario, la cantidad y remuneraciones de sus funcionarios y personal administrativo de apoyo desbordan la lógica de la vocación de servicio público de esta institución y de una buena gestión. Estos se comen una buena parte de los recursos que deberían ser destinados a la atención asistencial.

A esta contradicción, modalidad de corrupción y fácilmente resoluble, se añade otra, que denomino, estructural, consistente en la oposición entre el origen de los recursos y el destino principal del gasto.

El Seguro Social de Salud tiene como base de financiamiento a las personas que trabajan. Del producto del trabajo de estas sale la mayor parte de recursos que financian este seguro: en el Perú 9 (nueve) por ciento, calculado sobre las remuneraciones, que se transfiere al precio de los bienes y servicios expendidos. A estos recursos se añaden los aportados por los jubilados, 4 (cuatro) por ciento, descontado de sus pensiones, porcentaje menor que el de los trabajadores empleados por cuanto no perciben los subsidios por incapacidad para el trabajo que equivalen a la diferencia.

El régimen financiero del Seguro Social de Salud es el de reparto, vale decir que las cotizaciones alimentan un fondo con el cual se cubren las prestaciones que deben ser iguales en calidad para todos los asegurados y derechohabientes, y cuyos principios rectores son la solidaridad generacional, por la cual los aportes correspondientes a las personas que trabajan pagan las prestaciones de las que se enferman o accidentan, y la solidaridad intergeneracional, por la cual una parte de esos aportes cubre las prestaciones suministradas a las personas que ya abandonaron el trabajo, así como estas, cuando trabajaban, pagaron las de quienes ya se habían jubilado.
No obstante que la finalidad originaria del Seguro Social de Salud es proteger a las personas en actividad, la experiencia ha demostrado que estas solo consumen algo menos del 20 por ciento de las sumas que aportan como cotizaciones, debido a que por su edad son menos vulnerables a las enfermedades y a los accidentes no profesionales. El 80 por ciento o más del gasto en prestaciones lo absorben los jubilados, cuya tasa de morbilidad se eleva a medida que su mayor edad los fragiliza y exige cuidados más frecuentes y costosos que, de modo inmediato, son asumidos, por lo general, por su familia[1].

En el Perú, de los 10 754 665 asegurados y derechohabientes del Seguro Social de Salud, denominado ESSALUD, existentes en 2015, los mayores de 65 años eran 1 024 531 que representaban sólo el 9.52 por ciento del total[2]. Este porcentaje se eleva progresivamente, aunque muy poco, por la mayor esperanza de vida de los adultos mayores.

Descontando los ingresos del seguro de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, destinado a cubrir estos riesgos de las personas en el trabajo, se tiene que más del 90 por ciento de los ingresos totales de la Seguridad Social son aplicados a los jubilados (100 por ciento por el seguro de vejez + 80 por ciento por el seguro de salud / 2 = 90 por ciento). En otras palabras, de hecho, la Seguridad Social se orienta a proteger en su mayor parte a las personas de la tercera y la cuarta edad.

  
COMPORTAMIENTO DEL ESTADO

En la década del noventa del siglo pasado, como parte de la política neoliberal del gobierno de Fujimori, la gestión de los seguros sociales en el Perú fue asumida por el Estado (Oficina de Normalización Previsional, ONP, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas, para administrar el Sistema Nacional de Pensiones) o comenzó a ser fuertemente influida por este Ministerio tras ser confiada a una entidad autónoma solo de nombre (ESSALUD que tiene a su cargo el Seguro Social de Salud).

Tan decisiva intervención no obedece, sin embargo, a la importancia de la atención a los asegurados y sus derechohabientes, que, en realidad, ha quedado relegada a un segundo o tercer plano o ha sido desestimada, sino a la enorme magnitud de los recursos captados y movilizados para cubrir los gastos. A la dirección del Estado –Poderes Ejecutivo y Legislativo– o, por mejor decirlo, a los grupos que los conforman, los tientan esos recursos, en unos casos para atender los gastos operativos y de inversión del Estado, y, en otros, para desviarlos hacia determinadas empresas o a su patrimonio particular. Desde 1980, se resisten a respetar la intangibilidad de los fondos y reservas de la Seguridad Social, dispuesta por la Constitución. Pero, además, tampoco acatan su obligación de hacer otorgar las prestaciones de salud y las pensiones con la calidad y la cantidad adecuadas al número de las personas protegidas y con la oportunidad indispensable.

Este desinterés y abandono tiene como efecto inmediato la insuficiencia crónica de los centros asistenciales y de personal médico y auxiliar del Seguro de Salud, como sucede en otros países subdesarrollados. En 2016, ESSALUD tenía 1.3 camas y 1.4 médicos por cada 1,000 asegurados[3].

En los países medianamente desarrollados, por cada 1,000 asegurados, el número de camas no es menor de 4 y el de médicos no menores de 2.4[4]. La consecuencia de estas carencias es la postergación de los actos médicos, muchas veces sin consideración por el estado crítico de los asegurados, y el deterioro de la calidad de la atención en perjuicio, sobre todo, de las personas de la tercera y la cuarta edad que consumen los servicios médicos del seguro social en un 80 por ciento, como ya se ha visto.

De manera general, y evidentemente por sistema, es muy difícil, y a veces imposible, acceder a los servicios hospitalarios centrales, sometiéndose a los turnos establecidos en los policlínicos. Es preciso valerse de algún pariente o amigo vinculado a los consultorios centrales, arreglar el asunto con algún funcionario o introducirse por emergencia cuando la dolencia es supuestamente grave y, en gran parte de los casos, solo para que el paciente termine su existencia luego de unos días de internamiento. Y la dirección del Seguro Social de Salud, bajo todos los gobiernos desde 1980, se ha limitado a dejar las cosas como están mientras, contradictoriamente, hipertrofiaba sus oficinas con personal administrativo.

En consecuencia, una parte de los adultos mayores es obligada a recurrir a los hospitales del Ministerio de Salud, relativamente gratuitos o de bajo costo; y otra, que puede contar con ciertos recursos o la cooperación de su familia, acude a seguros privados o a la atención por clínicas y consultorios privados. Las causas correlativas de estas deficiencias son las siguientes:

1. A la clase política, vinculada a las corporaciones patronales e incluso independiente de estas, no le importa de qué y cómo viven las personas de la tercera y la cuarta edad, sus necesidades y angustias. Para ella, estas ya no son parte de la masa laboral productiva, y su voto, optativo para los mayores de 70 años, les es de utilidad marginal o descartable. En los procesos electorales, ninguna formación política ha ofrecido ocuparse de los problemas de los seguros sociales, ni, evidentemente, ha salido de ellas alguna norma legal para resolverlos tras llegar al Congreso de la República o acceder al gabinete ministerial o a otros cargos con poder político.

2. El perenne y explicable temor de los ancianos por su vida y por no ser atendidos si protestaran o, por lo menos, si simplemente pidieran la atención en plazos más breves. Su sensación es de una total indefensión y de resignación ante lo que consideran el menosprecio de los operadores del Seguro de Salud.

3. Falta de asociaciones defensoras de los derechos de los jubilados; pues no existen y estos están demasiado fatigados para organizarlas y hacerlas funcionar.

4. La indiferencia de los dirigentes de las centrales sindicales por los problemas de los jubilados (uno de ellos es miembro nato del Consejo Directivo de ESSALUD). Se hallan aplicados exclusivamente a la atención de los afiliados de sus organizaciones de base, personas en el trabajo cuyo voto les es necesario para acceder a los puestos de dirección. No les interesa, por lo tanto, la suerte de las personas que han cesado de pertenecer a ellas, y su visión inmediatista les impide advertir que ellos estarán también en algún momento en el grupo de los jubilados.

Sobre el menoscabo de la atención a los jubilados por los servicios del Seguro de Salud, la política neoliberal de los gobiernos se ha orientado a cubrir la atención de salud de los asegurados en el trabajo por clínicas privadas a las cuales se transfiere una parte del importe de las cotizaciones. Es lo que dispone la Ley Nº 26790, de 1997, que norma las prestaciones de ESSALUD, por la cual se ha conferido a los empresarios, con el acuerdo de los trabajadores, la facultad de contratar con “entidades prestadoras de salud”, privadas, el otorgamiento de las prestaciones de la “capa simple”, que cubre la mayor parte de enfermedades y accidentes no laborales de los trabajadores en actividad. El empleador financia estos contratos con el 25 por ciento del importe de las cotizaciones a ESSALUD inherentes a su personal, que es algo más del importe de los gastos en prestaciones de salud que esos trabajadores en actividad generan. Pero, además, si los trabajadores pretenden una atención mejor, deben abonar un copago pactado. Otra modalidad de atención de salud del personal de ciertas empresas e instituciones públicas es la contratación de seguros privados por ellas que, en el caso de las empresas privadas, se cargan al precio de los bienes y servicios que expenden y, en el caso de las instituciones públicas, se financian con recursos presupuestarios. Si el personal ya está asegurado en ESSALUD no se justifica que esté, además, en algún seguro privado, salvo que lo pague particularmente.


LA PERSPECTIVA EN EL FUTURO: ¿SE PUEDE TENER AÚN ESPERANZA?

Acabar con la dramática insuficiencia de los servicios del Seguro Social de Salud, en detrimento, sobre todo, de los adultos mayores de nuestro país, requeriría de un conjunto de medidas concurrentes que se esbozan a continuación:

1. Será necesaria una ideología de cambio desarrollada por los grupos sociales interesados, de preferencia universitarios, que examine este tema y otros conexos de nuestra realidad, idee propuestas y las difunda, e impulse la noción de defensa de los derechos humanos para que se cumplan. Sin ella será muy difícil que la situación actual cambie[5].

2. Hacer obligatoria por ley la publicación mensual de las estadísticas de los seguros sociales y la realización de estudios matemático-actuariales cada cinco años y su publicación. De este modo se podría identificar los reajustes que haya de hacerse en cuanto a los ingresos y los gastos, y poner de manifiesto las evasiones y moras, el desvío de los recursos y el estado del otorgamiento de las prestaciones. La ausencia de estadísticas económicas y sociales ayuda a ocultar las deficiencias en los servicios públicos y las exacciones, corrupción y abusos con las mayorías sociales.

3. Aumentar la cotización para el Seguro Social de Salud al 12 por ciento del importe de las remuneraciones por todos los que trabajan en las actividades privada y pública, sin exoneraciones y por todos los meses pagados, y destinar el 3 por ciento (12 – 9 por ciento) a la construcción de nuevos centros de atención y su equipamiento. La meta debería ser contar con un policlínico con servicios de consulta, análisis, exámenes con radiaciones y cierto número de operaciones quirúrgicas ubicado territorialmente según el número de asegurados y derechohabientes y por lo menos un hospital en cada departamento[6].

4. Penalizar a los funcionarios del Estado que desvíen los recursos de la Seguridad Social hacia otros fines o dispongan que no se pague las cotizaciones correspondientes al personal del Estado, así como a los propietarios de las empresas que no abonen las cotizaciones para la Seguridad Social que retengan o les sean inherentes. Es preciso tipificar estas infracciones, que son una modalidad potenciada de la apropiación ilícita en perjuicio de la salud de los asegurados y sus derechohabientes, bien jurídico de importancia mayor que el daño singular a particulares.

5. Viabilizar el libre acceso del asegurado a las prestaciones de salud, reconocido por la Constitución (artículo 11º: “El Estado garantiza el libre acceso a prestaciones de salud”) para atenderse por ESSALUD, o por los establecimientos del Ministerio de Salud, de las municipalidades y regiones, y privados. En el caso de la atención por establecimientos distintos de los de ESSALUD, este debería pagar directamente la prestación a la entidad que la suministre, según una tarifa equivalente al costo de ella en sus instalaciones. Sería de cargo del asegurado la suma que exceda el importe de la tarifa. De este modo se comenzaría a descongestionar de inmediato los centros del Seguro Social de Salud y se posibilitaría la atención oportuna a los asegurados y sus derechohabientes[7].

6. El Seguro Social de Salud y el Ministerio de Salud deberían contar con dependencias dedicadas a la medicina preventiva en cada uno de sus establecimientos. La oficina central de esta red debería difundir por la radio, la televisión y los periódicos permanentemente sus avisos y recomendaciones para prevenir las enfermedades y los accidentes, y educar a la población en la práctica de estas. Lamentablemente, la mayor parte de la profesión médica y las empresas dedicadas al negocio de la salud, se orientan exclusivamente a la medicina curativa que les es lucrativa, muchas veces con cálculo abusivo por el temor de los pacientes ante la enfermedad. Bien asimilada y practicada, la medicina preventiva podría reducir el costo de la atención curativa y contribuir a mantener a las personas alejadas de ciertas dolencias y accidentes.

7. Reorganizar el Consejo de Administración del Seguro Social de Salud de manera que sus miembros, en número de cinco, sean profesionales titulares de una maestría o un doctorado en las especialidades de economía, contabilidad, administración o derecho y con una experiencia no menor de diez años en sus especialidades, y seleccionados por concurso público, por ahora, ante la Junta Nacional de Justicia y, luego ante un órgano especial de constitución plurisectorial y democrática que se encargue de los exámenes de otros altos funcionarios de la administración pública y las empresas del Estado.

8. Asimismo, restablecer el Consejo de Vigilancia del Seguro Social de Salud, pero con las siguientes variaciones: a nivel nacional integrarlo por tres miembros con los requisitos y nombramiento iguales a los señalados para los miembros del Consejo de Administración del Seguro Social de Salud. Sus funciones serían supervigilar la marcha económica y administrativa de los centros de atención de ESSALUD y el otorgamiento oportuno de las prestaciones, procesar las quejas de los asegurados y sus derechohabientes y sancionar a los responsables de las faltas. En los departamentos que no sean Lima, el Consejo de Vigilancia debería contar con oficinas para el control del otorgamiento de las prestaciones.

9. Adecuar la calidad y el número del personal administrativo del Seguro Social de Salud a las necesidades de este, y reducir el gasto en administración a no más del 6 por ciento de los ingresos, como recomiendan las organizaciones internacionales de Seguridad Social.

10. Nombrar al personal asistencial y administrativo por concurso público, sin excepciones, con la intervención de jurados conformados por representantes idóneos de los consejos de Administración y Vigilancia del Seguro Social de Salud y del personal médico, auxiliar asistencial y administrativo, y eliminar la contratación temporal, salvo cuando se deba reemplazar a trabajadores con descanso médico o licencia por capacitación u otro motivo legalmente permitido.



[1] “La vejez podría ser definida como una situación biológica del individuo vinculada al paso del tiempo, caracterizada por un deterioro de sus facultades físicas y mentales que le restan capacidad de trabajo en diverso grado, lo que implica no sólo la pérdida de eficiencia sino también una reducción de la atención, la memoria y la percepción, con la consecuencia de una exposición mayor a los riesgos sociales.” RENDÓN VÁSQUEZ, Jorge, Derecho de la Seguridad Social, Lima, Grijley, 4ª edición, 2008, Nº 186. Séneca decía: "la vejez es una enfermedad incurable”.
[2] ESSALUD, Principales indicadores, pág. 52, por Internet. 
[3] ESSALUD, Principales indicadores, 1990 – 2016, por Internet.
[4] PERKINS, RADELET, SNODGRASS, GILLIS, ROEMER, Economics of Development, New York, Norton & Co., 5th. Ed. 2001, pág. 367; Banco Mundial, por Internet. 
[5] Para apartar la atención de los estudiantes de derecho de la Seguridad Social, ha desaparecido el importante curso Derecho de la Seguridad Social en casi todas las universidades, lo que forma parte de una política diversiva.
[6] Antecedentes legales de esta disposición serían las leyes Nºs. 8509 (23.2.1937), artículos 14º-a y 11321 (24.3.1950), artículo 7°, que dispusieron la inversión obligatoria de una parte de los recursos del Seguro Social Obrero en “la construcción y equipamiento de los hospitales y policlínicos proyectados para la Caja Nacional del Seguro Social”. Casi toda la infraestructura de este Seguro fue creada gracias a estas disposiciones.
[7] En octubre de 2016 elaboré un proyecto de ley con este contenido, luego de haber tenido que hacerme operar en un hospital público por la imposibilidad hacerlo en el Hospital del Empleado con la celeridad que mi caso requería. Un amigo me presentó a un representante de un grupo de izquierda ante el Congreso de la República, quien resultó ser médico de ESSALUD en Piura. Me escuchó con cierto desdén, pero se comprometió a presentarlo, no sin antes diferirme a su asesor, otro médico aficionado a la política quien me derramó un discurso de lugares comunes. Nunca presentaron mi proyecto y, como pude advertirlo por las preguntas que les hice, ignoraban absolutamente de qué les hablaba. Era la clase de congresistas de ese momento, incluidos, a mucha honra, los de la pretendida izquierda, que estaban allí por los votos de ciudadanos que tenían que rogar a las dependencias de ESSALUD que los atendiesen.

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